domingo, 30 de marzo de 2014

Esperar


I-

Esperándolo. No dijo hora. Arreglé el caos de la costura de ayer, jazmines del país, diario, Salus, whisky, baño, jazmín, comida. A las nueve llamó para avisar que venía, -casi dormido, dijo-. Son las once. 30 grados a esta hora. Toda la casa oscura; todas las ventanas abiertas. Noches en los jardines de España, el quinteto de Bruckner, hermosos, angustiosos. Desnuda, con un poco de ropa blanca y el salto de cama blanco colgando, en el espejo, de pronto, un fantasma. Vagando por la casa, llegando hasta el frente para ver si se hacía la raya de luz debajo de la puerta. Y se hacía, a veces, pero aquí no llamó nadie. Por ratos, en la oscuridad, recostada en un marco, miré, fuera del tiempo, fijamente esa puerta, el lugar de la raya, la raya misma ancha y nítida, esperando ver la sombra de sus pies rompiéndola. Una de las veces conté hasta 39 -son 39 escalones- según los golpes de mi pulso lento, para esperar mejor. Después me recosté en una cama de allá adelante. Pero desde allí veía el cielo claro de verano, la puerta, no sé, me ponía una angustia en el pecho, sentí que iba a llorar, y me fui al lado de la radio. Tomó el taxi con sueño y dio su dirección; se quedó dormido donde estaba; vino y tocó abajo, como ha pasado, vendrá todavía. Bueno. Debo agradecerle estas dos horas serias, graves, hermosas, apasionadas, mi propia increíble belleza de hoy, la música, el silencio, los vuelcos de mi corazón cada vez que se prendió la luz, los desmayos cada vez que la vi apagarse, la integridad, la intensidad de estas dos horas de amor. 

Idea Vilariño, Diario íntimo, 1960




II-

Esperar no es tan terrible como morir,
lo sé, pero es aún más dañino,
asfixia la vida.
Los periódicos son como la literatura
de los colegas, todos utilizan
el mismo diccionario. El cine
me aburre, debo llamar a la pastoral
o al servicio meteorológico.
Qué dice el horóscopo? Pero todavía
no conozco tu signo del zodíaco y creo
mientras tanto, sólo en el momento
de verte. Quizá 
la tierra decida esta noche
nuestro final y los lobos lloren con
los corderos y un ángel picado de viruela
ocupe el lugar de dios
y sople el último blues,
quizá seas la última mujer,
quizá sólo un sueño,
quizá el amor sea sólo una ocurrencia,
para acortar la espera, quizá
el alma sea sólo una estación
y si perdemos la vida,
esperamos simplemente el siguiente tren,
la muerte. Pero esto no está ni aquí 
ni allá: escucho tus pasos 
en la calle, escucho la calle,
cómo tiembla, yo también tiemblo, me paro
junto a la puerta y abro la puerta y la casa
se incendia y tú atraviesas las llamas
hacia mí,
me quemo.


 Jörg Fauser en "Bandera roja", Limache250, 2013

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué fuerza Jórg Fauser...gracias vivi

Ramiro